Hombres y Ratones y La Risa y el olvido y Go Down, Moses y medio Pushkin, con un toque de violencia urbana
John Steinbeck es un maestro. Escribió tan sólo un libro (una y otra vez el mismo libro) y sin embargo no deja de enseñar en cada página. Personajes tan delineados como simples y profundos; un lenguaje limitado en vocabulario, gramática y estructuras y no por eso menos expresivo: más bien al contrario. Tanto que aprender.
Kundera y la sensualidad urbana, la ciudad (Praga, la mágica). A veces pienso que no debe ser posible vivir en Praga y no ser bohemio (no Bohemio, obviamente, sino bohemio). Músico o escritor o escultor o quizas pintor o loco, loco con buen gusto. No engaña el diccionario: Praga explica y define al término. Kundera es un hijo de la ciudad y de la época; me pregunto, ahora que lo intereses rusos dejaron su lugar a los europeos y americanos, de qué manera habrá cambiado la vida de la gente de la ciudad y de sus escritores, me pregunto si se respira un aire de libertad y futuro, o de introspección y pasado.
Flashbacks e introspección, monólogos y alinealidad, juegos gramaticales: tecnicismos y guiños de un Faulkner que experimenta todo el tiempo. Y sin embargo él sabía, todos saben: leer a F. es un placer a pesar de todo eso. Como pasa con las chicas: las que son hermosas, son hermosas a pesar de la moda que adopten… y las que no lo son, nunca lo serán gracias a la ella. Un gran narrador puede ser más o menos técnico, no importa demasiado: al menos no me importa a mí. Y a mucha otra gente tampoco, obviamente: Faulkner y Steinbeck llegaron y se quedaron.
Semanas extrañas estas últimas, de vuelta a las fuentes. Pushkin y los cuentos de la gente del frío, lo blanco y los caminos, Novgorod y castillos y princesas y la constante tensión entre lo francés y lo ruso: Pedro el grande y Luis XIV. El amor simple y llano, la vileza aún más simple, aún más llana, el pueblo y las verdades que todos entendemos, que a todos nos llegan, nos tocan y nos identifican de una o muchas maneras. Esta bueno frenar y volver para atrás y leer los orígenes: ayudan a entender que es una fantasía pensar que la literatura evoluciona. Los genios exploran formas nuevas, claro; y a veces las usan, claro; y es la manera en que a pesar de la forma el mensaje nos llega, lo que nos permite vislumbrar la genialidad, y disfrutarla.
No pude terminar las obras completas de Pushkin: alguien me las robo a mitad de camino. Un ladron urbano, de esos que pueden aparecer al acecho en cualquier ciudad, en cualquier momento. En cualquier ciudad: yo pensaba que en la ciudad que me adoptó estas cosas no pasaban: equivocado estaba. Podía pasar, pasó, quizás ayudado por la falta de prudencia, el exceso de confianza y la guardia baja: tantas historias, ficciones o no, cuentan los riesgos de pelear contra un ladrón: poco que perder versus la libertad y más. Un par de libros y papeles contra un futuro o quizás hasta un presente. Yo no dejé que mis libros se fueran facilmente y fue una locura, pudo haber sido un desastre, y por suerte no lo fue. Tan solo un par de libros.
Seguramente no era eso lo que el ladrón buscaba, pero fue sólo eso lo que se llevó. No puedo dejar de imaginarme la cara del pibe al abrir el bolso y ver tan sólo dos libros. Uno en una lengua extraña, el otro todo subrayado y lleno de comentarios en los márgenes. Me pregunto donde estarán mis libros ahora. Antes me preguntaba, porqué el ataque, porqué a mí. Ahora tan sólo me pregunto por mis libros. Ahora pienso, pobre pibe, se arriesgó y no ganó nada, su reloj dio un tick más, y este tick fue inútil. Cuantos ticks le quedarán? Cosas de ciudad.
Martes, Noviembre 14, 2006 at 9:08 pm
A lo mejor y los libros le sirven al ladrón, o quizás no convenía que los leyeras, o el robo evitó que hicieras algo, o simple y llanamente, maldito ladrón, pero el post está bueno y te vengo descubriendo. Voy a explorar un poco más
saludos desde el sur!
Jueves, Noviembre 16, 2006 at 1:50 am
chorros… hay en todos lados
Acá, una tranquilidad curiosa te da pensar que los pibes no roban para comprar la comida del día. Y un pavor curioso da pensar… para que roban entonces…