Las esquinas y los cafés
Miles y miles de esquinas en cada ciudad y tan solo unas pocas quedan registradas en la memoria de la gente. Registradas en algún lado, quién sabe donde y porqué. Gente que camina, de un lado hacia otro, con o sin rumbo. Circulación, flujo, movimiento, calles que se cruzan una y otra vez.
Siempre me pregunté el por qué de los bares, los cafés. En una esquina cualquiera, un bar, mesas, sillas, ventanas: la calle y la gente que pasa y los autos que todo lo ignoran. Nunca entendí bien por qué rodeado de gente anónima y ruidos y luz y sombras y humo, es más fácil lograr concentrarse, leer, estudiar, pensar, soñar. Curiosa paradoja, la de necesitar factores de distracción para lograr concentrarse… lugares que logran lo que las bibliotecas sueñan. Quizás (sólo quizás) se trate de un fenómeno de ciudad, urbano. Quizás en los pueblos pequeños esto no sucede: sería lógico, uno no es anónimo en un lugar así.
¿Será justamente esa sensación de no ser, de no pertenecer, lo que hace que esas esquinas y sus cafés se conviertan en especiales? Será la gente, será la calle y el movimiento. Será la necesidad que sentimos de dejar de sentir, de salir del centro de la escena, de convertirnos en seres anónimos y mimetizarnos con todo lo que nos rodea.
¿Y cómo se siente la gente que vive en los suburbios? Casas, una tras otra, espacios, jardines, calles, ocasionalmente alguien que camina de aquí para allá. Sin un centro en donde todo converge, en donde todo se une y se concentra. Será (tal vez) que hay gente que no necesita sentirse cerca del centro, alrededor del que todos caminan, pululan. Gente que tal vez sea mas sociable en muchos sentidos que muchos añejos habitantes de los bares. Dos extremos: suburbia, urbania.
Es curioso como a lo largo de la vida uno va oscilando una y otra vez entre los extremos. Y mas curiosa aún es la manera en que la oscilación decrece en amplitud. El mecanismo de un reloj fallado, que termina deteniéndose. Yo, hoy, siento que no podría vivir sin una ciudad que me contenga; la obvia analogía del pez y su agua, siempre válida y brutal.
Domingo, Septiembre 17, 2006 at 4:05 pm
a veces uno precisa irse para darse cuenta de lo que le era tan necesario, amo Buenos Aires, sus bares, y su anonimato aunque no siempre viví acá…supe vivir en un pueblito de la provincia en donde hasta la manera de peinarte era noticia, difícil, te aseguro (sobre todo para mí que no frecuento peluquerías)
también me enamoré de otras ciudades como San Salvador de Bahía, a la que vivo extrañando…tal vez la verdadera patria pueda ser el camino
Domingo, Septiembre 17, 2006 at 8:17 pm
Jueves, Noviembre 2, 2006 at 4:20 pm
Muy interesante tu blog!!! Felicitaciones! junto con un grupo de amigos abrimos un blog de restos de buenos aires, con recomendaciones y demàs. Espero que te sean ùtiles para cuando vengas para acà. Saludos! Pablo.
La direccion del blog es http://www.buenavida.wordpress.com